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Historia de la pintura para coches

En los primeros tiempos del automóvil la pintura para coches no era concebida como un adorno sino como protección de algunas piezas. Y es que por aquel entonces todavía se utilizaba la madera como materia prima y las capas de barniz eran indispensables para asegurar el futuro de la carrocería. Aquella operación duraba entre 4 y 8 semanas.

Tanto tiempo era un despilfarro insoportable para un capitalista como Henry Ford, responsable de la primera cadena de montaje de la historia del automóvil. En sus talleres se instaló el primer túnel de secado con filamento de carbono, reduciendo a 15 horas el tiempo de secado.

Pero fue la I Guerra Mundial la que revolucionó la historia de la pintura para coches. Con la nitrocelulosa que había sobrado para la producción de pólvora se inició una investigación que favoreció la aparición de las pintura nitrocelulósicas. Se abría así un nuevo período que iba a durar hasta la invención de las pinturas sintéticas.

Hasta los años 40, sin embargo, los conductores no tenían muchas opciones de color y estaban obligados a escoger entre una gama demasiado mate de colores rojos, verdes y negros. Fue en el Salón de París de 1946 cuando se ofrecieron pinturas de tonos vivos por primera vez.

La mejora constante en la calidad de la pintura, con la aplicación de nuevos disolventes y fijadores, llegó a un nuevo nivel con las pinturas al agua a partir de los años 80. Estas pinturas, que siguen utilizándose en la actualidad, son mucho más respetuosas con el medio ambiente.

Imagen: Metalkev88 en youtube.com

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